Brassaï.

“No invento nada, lo imagino todo”

Brassaï llegó a ser fotógrafo por casualidad, estudiante de Bellas Artes y admirador absoluto de Picasso, este Húngaro nacido en Brasov, hizo una virtud de su posición como extranjero en la capital de Francia, París.

Él no buscaba la fama ni el reconocimiento, tan sólo sentía necesidad de expresarse, y encontró en la fotografía el mejor medio de autoexpresión. En realidad Brassaï es un seudónimo de su verdadero nombre, antes de esto él era un Húngaro marginado por su país de origen que llegó a París a principios de 1924 y que sintió, según relatan cartas escritas a su familia en esa época, una frustración por tener que adoptar diferentes personalidades para poder ganarse la vida en la capital francesa.

Trabajó como corresponsal de diarios alemanes, húngaros y rumanos, y fue un editor alemán quién le sugirió que tomara él mismo las fotografías, en lugar de buscar a otros que lo hicieran. Pasaron unos años, hasta que hizo caso de ese consejo, y a finales de 1929 se empezó a ver su trabajo de forma pública. Aun así, quiso aclarar al lector en su prólogo a la colección editada de sus primeras cartas (1978), que no se debía dejar engañar por la idea de que se dedicó a la fotografía por motivos pragmáticos.

Su amor por París, el que saliera de noche a retratarlo, quizá por vergüenza, por miedo, tal vez sólo porque así se sentía más cómodo, en la oscuridad, hizo que más tarde se pudiera disfrutar de su obra Paris de Nuit, fantástico trabajo fruto de su afición por retratar las calles y los personajes de su ciudad adoptiva, a la luz de un automóvil, una farola de gas o el luminoso de un café, y le hizo convertirse en el cronista gráfico de los más glamourosos eventos de la moribunda Belle Époque, pero también del lado sórdido de esta metrópoli empobrecida tras las contienda y adormecida por el can-can y la absenta. Su trabajo siempre mostraba un vínculo entre melancolía y realismo.

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Entre rincones decadentes y personajes estrambóticos, Brassaï tampoco olvidó fijarse en los detalles del urbanismo haussmaniano, mostrando al espectador las raras siluetas de algunas fachadas o inscripciones (antecesoras del grafiti) realizadas con objetos punzantes en los muros y adoquines de las callejas.

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 La pasión por el circo y las mujeres le unió a Picasso, con el que realizó una colaboración y como resultado un reportaje histórico que se publicó en la revista Minotaure.

Enterrado en el cementerio de Montparnasse, Brassaï acabó siendo más parisino que la Mona Lisa o el Jorobado de Notre Dame. Me apasiona su amor por París, su adoración por la capital francesa es afín a la mía.

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En las cartas que escribió el fotógrafo, mostraba que de cara a su familia y a personas que le interesaban bien poco, tendía a dar excesivas explicaciones sobre sus motivos y razones artísticas, alegando; que no podía retener las imágenes en su interior, personalmente, esta frase me parece fantástica.

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En un primer momento, me interesó hablar de Brassaï porque me llamaron la atención sus trabajos nocturnos y de urbanismo, me sentí muy identificada con él, porque tiendo a la nocturnidad y a fijarme mucho en la literatura u obras plasmadas en las paredes, pero una vez conocí más de su historia, me di cuenta que hubo algo mucho mayor que me atrajo de él. Quizá para muchos, una persona con una lucha interior como la de él, tan ambiguo, “dos nombres”, “dos nacionalidades”, “dos sueños”, que además de forma continua peleaban entre ellos, sea alguien difícil de entender y no por ello merezca dedicarle tiempo; a mí me pasa lo contrario, me gusta la gente así, y a título personal…creo que Brassaï dejó mucho dentro por mostrar.

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Él sólo quería buscar una voz propia, lo demás llegó sólo.

“La noche sugiere, no enseña. La noche nos encuentra y nos sorprende por su extrañeza; ella libera en nosotros las fuerzas que, durante el día, son dominadas por la razón” Brassaï. (Esta frase es tan yo, que hasta me duele.)

Nessa Teruelo Photo© 2018 Todos los derechos reservados.